Partículas elementales, masa y bosón de Higgs

Visita del profesor McManus al túnel del gran colisionador de hadrones (LHC) donde se han realizado los experimentos que han permitido demostrar la existencia del bosón de Higgs.

Visita del profesor McManus al túnel del gran colisionador de hadrones (LHC) donde se han realizado los experimentos que han permitido demostrar la existencia del bosón de Higgs.

Seguro que en el Instituto te han repetido una y mil veces que el Universo está formado por materia y energía, que la materia es aquello que “se puede tocar”, que tiene masa y que la energía es una propiedad asociada a los cambios que puede sufrir la materia. Y de esta forma, asumimos esta sencilla estructura dual del Universo en la que todo cabe en uno de esos dos compartimentos bien diferenciados. Nuestros sentidos nos sugieren que el modelo se ajusta bien a lo que percibimos: Por una parte está los que vemos y podemos tocar y, por otra, un algo escurridizo, que puede transmitirse y que hace que eso que vemos y podemos tocar no sea siempre igual y modifique sus características.

También aprendemos que la masa (que definimos como cantidad de materia), a diferencia del peso, es una propiedad invariable de los objetos materiales, y nos sentimos satisfechos cuando comprendemos que, mientras que nuestro peso varía porque depende de la interacción con el campo gravitarorio de cada planeta (que es diferente  en cada caso), nuestra masa siempre es la misma porque no depende de ninguna interacción.

La verdad es que el modelo es útil y funciona muy bien a nuestra escala para comprender nuestro mundo cotidiano. Pero si nos seguimos haciendo preguntas y queremos comprender el Universo más allá de nuestra experiencia directa, a la escala más pequeña y elemental posible, entonces surgen las sorpresas…

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Fondo cósmico de microondas y origen del Universo

Telescopio orbital Planck, de la Agencia Espacial Europea, lanzado al espacio en 2009. (Fuente: http://www.esa.int)

En 2013, el equipo de científicos responsable de estudiar los resultados ofrecidos por el telescopio orbital Planck daba a conocer el hasta ahora más detallado y preciso mapa del fondo cósmico de microondas o radiación cósmica de microondas. Sólo unos meses antes, otro equipo de científicos anunciaba resultados también novedosos provenientes del análisis de los datos proporcionados por otro satélite específicamente destinado a estudiar esta radiación. Quizá pueda resultarte llamativo que se dediquen tantos esfuerzos a cartografiar una energía tan débil que apenas equivale a unos grados por encima del cero absoluto, pero en las siguientes líneas podrás entender qué es lo que  despierta tanto interés de los científicos. Sigue leyendo

Meteorito en Rusia 2013

Estela del meteorito atravesando la atmósfera y momento de la explosión. Fuente: http://www.lavanguardia.com

(Actualizado 18/02/2013)

El 14 de febrero de 2013, horas antes de que el asteroide 2012 da14 alcanzase su máximo acercamiento a nuestro planeta un meteoroide atravesó la atmósfera terrestre, estallando a unos 20.000 m de altura, y provocado una lluvia de fragmentos diseminados en una extensa área del centro y sur de Rusia. El mayor de todos ellos  impactó  a unos  kilómetros de Chelíabinsk, la novena ciudad rusa por número de habitantes (algo más de 1 millón). El número de heridos causado de forma indirecta  por la explosión o los impactos  alcanzó los 1200, la mayoría de poca consideración, debido sobre todo a ventanas rotas por la onda expansiva, aunque algunos debieron ser hospitalizados debido a la gravedad de sus heridas. La coincidencia con el paso del asteroide y las numerosas imágenes captadas han todo tipo comentarios y especulaciones. (continuar leyendo)…

Encuentro con el asteroide 2012 DA14

Recreación del asteroide 2012 DA14 acercándose a la Tierra.

Recreación del asteroide 2012 DA14 acercándose a la Tierra.

Como sé que os gustan los temas astronómicos no he podido resistir la tentación contaros la historia de este singular objeto astronómico que está de moda en estos días debido a que su máxima aproximación a la Tierra tendrá lugar el próximo 15 de febrero de 2013. 2012 DA14 es un asteroide que pasará a unos 27.000 km de la Tierra en la fecha señalada. Puede parecerte que 27.000 km de distancia no es para ponerse histérico/a y, desde luego, la posibilidad de colisión está completamente descartada. Sin embargo, tú que sabes de las magnitudes del Universo, conocerás bien que 27.000 km no son nada en el espacio (de hecho, el asteroide pasará unos 8.000 km más cerca de los que lo hacen los satélites de comunicaciones geosincrónicos). (continuar leyendo)…

Intensa tormenta solar alcanza la Tierra

Imagen del punto de eyección solar producida el 08 de marzo de 2012. Fuente: La vanguardia

Hola amigos/as, hacía ya algún tiempo que no os escribía nuevos artículos y, aunque estoy preparando varios, lo interesante de este asunto me ha llevado a contaros en primer lugar esta noticia. Ya hace algún tiempo os hablé de las tormentas solares en un post anterior y lo cierto es que esta pasada madrugada del miércoles 07/03 al jueves 08/03 se han detectado dos intensas erupciones solares originadas en la proximidad de una de las grandes manchas solares que se mantienen activas.

Estas erupciones, provocadas probablemente por cambios bruscos en la zona del complejo campo magnético solar, han provocado una intensa eyección de masa coronal del Sol (CME). Las CME están formadas por una gran masa de plasma solar rico en electrones y protones, aunque también puede contener núcleos de Helio proyectado a gran velocidad hacia el espacio desde la corona solar, que es la capa más superficial de nuestra estrella.

Para que te hagas una idea, las CME son como las ondas expansivas de explosiones solares. Seún su intensidad, se clasifican en varias categorías, de menos a más intensas, A, B, C, M y X. (Cada categoría es 10 veces más intensa que la inferior. Dentro de cada categoría, además, se diferencian 10 subcategorías de 0 a 9 según sean más o menos intensas. Pues bien, la erupción solar que ha ocurrido esta vez dirigida contra la Tierra ha sido de una magnitud X 5,4, es decir, muy intensa. Para hacerte una idea, puedes ver esta animación.

Los peligros asociados a este tipo de fenómenos son sobre todo tecnológicos, ya que la energía electromagnética asociada a la CME puede ser capaz de interferir o incluso dejar fuera de funcionamiento todo tipo de circuitos eléctricos debido a corrientes inducidas por el pulso electromagnético en el espacio. Naturalmente, los satélites son los artefactos más expuestos, igual que los posibles astronautas que pudieran estar en zonas próximas del espacio donde la fuerte emisión de partículas de alta energía podría suponer un verdadero riesgo para la salud.

Hacía varios años que no se producía una tormenta solar tan intensa, aunque la de 1859 que te narraba en el artículo anterior debió ser más aún más fuerte.

En las últimas horas, cuando ya ha habido tiempo de evaluar los efectos de esta gran tormenta solar, el balance es bastante tranquilizador gracias a que la orientación con la que la tormenta ha impactado contra la Tierra ha hecho que, finalmente, su influencia haya sido poco importante. Puedes leer esta noticia para informate mejor. Lo que preocupa, especialmente, es que se observa una tendencia en los últimos años a la producción de tormentas solares especialmente fuertes y nuestra actual dependencia tecnológica hace que los daños potenciales que pueden causar son grandes. No se descarta que en los próximos días se puedan producir nuevas tormentas.

En el lado positivo, si es que lo hay, los habitantes de latitudes próximas a los polos es probable que puedan disfrutar en las próximas horas de auroras boreales más intensas y espectaculares de lo normal.

Guía para buscar vida extraterrestre (parte II)

El profesor McManus, durante una visita al gran radiotelescopio del Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico.

Me alegro de que continúes interesado/a en el tema después de leer la primera parte, porque me queda por contarte lo más interesante. Es probable que  todo lo que has leído hasta ahora te haya parecido un conjunto de misiones imposibles: Encontrar moléculas microscópicas en planetas que están a billones de km, identificar señales electromagnéticas especiales en el inmenso océano energético del Universo… pero es el turno de la tecnología y el  ingenio humano.

2. ¿Cómo buscamos?

Si lo que deseamos es localizar planetas que albergan vida fuera del Sistema Solar… ¡lo primero será encontrarlos!. La verdad es que hasta hace poco tiempo la existencia de planetas fuera del sistema solar (planetas extrasolares o exoplanetas) simplemente se presuponía (Si el Sol tiene sus planetas, ¿por qué no van a tenerlos otras estrellas?) pero realmente no se conocía ninguno. Hoy sin embargo,  ya tenemos datos concretos de un buen número de planetas que giran alrededor de otras estrellas.

Ahora bien, ¿nos vale cualquier planeta para empezar a explorar? Ya puedes imaginar que no. En primer lugar,  hay que buscar planetas que se localicen en la zona “habitable” del sistema (ni demasiado cerca ni demasiado lejos) ya que temperaturas excesivamente altas o bajas reducen la probabilidad de hallar vida, aún teniendo en cuenta la alta capacidad de la vida para adaptarse a condiciones extremas. Esta zona “habitable”es diferente para cada sistema planetario, ya que depende de las características de cada estrella y de los propios planetas. Otro aspecto fundamental es el tamaño y características del planeta: debe ser lo suficientemente grande como para retener su propia atmósfera, pero al mismo tiempo con una superficie rocosa que ofrezca un soporte a las masas de agua o a la propia vida directamente. Dicho en pocas palabras, debe parecerse a la Tierra.

Dibujo del telescopio Kepler (Fuente: http://www.astrofacil.com)

El problema es que es mucho más fácil encontrar un planeta gigante (al estilo de Júpiter) que otro de tipo terrestre más pequeño, especialmente si orbitan cerca de su estrella. De hecho, la mayor parte de planetas extrasolares encontrados hasta ahora son de este tipo. Se les llama jupiteres calientes y son los exoplanetas más fáciles de encontrar, pero desgraciadamernte son poco aptos para la vida. Sin embargo, la NASA inició en 2009 la misión KEPLER. Se trata de una nave-telescopio que se ha colocado en una órbita alrededor del Sol, en un lugar idóneo desde donde buscar y analizar planetas similares a la Tierra. En realidad, la agencia espacial europea comenzó en 2006 una misión similar denominada COROT, aunque con medios técnicos no tan potentes. Gracias a KEPLER  ya se han localizado algunos planetas pequeños más parecidos a la Tierra que ningún otro planeta descubierto anteriormente. Pero este es sólo el comienzo.

¿Cómo consigue la sonda Kepler localizar y analizar este tipo de planetas? La nave emplea un “truco” muy ingenioso: Es capaz de detecar variaciones minúsculas en la luz que nos llega de otras estrellas. Estas variaciones se producen cuando un planeta, a lo largo de su órbita, pasa “por delante” de la estrella. A este fenómeno se le llama tránsito. Así pues, KEPLER se dedica a descubrir tránsitos en cualquiera de las miles de estrellas que es capaz de observar.

Pero la cosa no queda ahí: Después de encontrar el planeta, también se puede estudiar su composición atmosférica analizando la luz de la estrella cercana que atraviesa la atmósfera del planeta antes de ser captada, de la misma forma que podemos conocer el color de una pieza de una vidirera por la mancha de luz que al atravesarla, se proyecta sobre la pared. Cada sustancia química absorbe un determinado tipo de energía, así que cuando la luz de una estrella atraviesa la atmósfera de un planeta, esta actuará como un filtro que modifica la luz resultante según los componentes químicos que haya en ella. Por tanto, es posible, al menos en teoría, identificar los componentes de la atmósfera de un planeta analizando la luz que filtra su atmósfera.

Ahora bien, si de lo que se trata es de buscar señales de inteligencia extraterrestre, el método es diferente. Básicamente se trata de analizar la inmensa cantidad de radiación electromagnética que nos llega del espacio e identficar en este inabarcable océano de energía alguna radiación, en concreto, cuyas características permitan distinguirlas del resto de radiaciones naturales debido a su intensidad o patrón de emisión.

El principal problema es precisamente la cantidad de información a analizar. Miles de millones de cuerpos celestes producen continuamente todo tipo de radiaciones de muy diverso tipo que pueden llegar hasta nosotros. Encontrar una aguja en un pajar, no es nada comparado con esta tarea. Redes de radiotelescopios situados en diversas partes del mundo recogen información procedente del espacio, pero ¿cómo saber la frecuencia que debe sintonizarse de las muchísmias que podrían probarse? ¿cómo saber hacia donde orientar los radiotelescopios? y por último ¿Cómo inventar un ordenador “superpotente” para lograr analizar tanta cantidad de información? Los científicos han intentado encontrar solución a estas dificultades:

Lo primero es decidir qué frecuencia energética es la que los extraterrestres emplearían para enviar señales al espacio. Los científicos opinan que la más probable es la que corresponde al hidrógeno, es decir 1420 MHz. En primer lugar, ya sabes que el hidrógeo es el elemento más abundante del todo el Universo, por lo que debe ser bien conocido en cualquier lugar de este donde exista vida inteligente. Se trata, además, de un tipo de energía que puede recorrer enormes distancias sin verse afectada por el paso a través de nebulosas o nubes de polvo, por lo que sería capaz de transmitir mensajes que sin interferencias ni alteraciones antes de ser capatadas en la Tierra. En resumen, esta es la frecuencia que el ser humano elegiría para transmitir este tipo de mensajes, así que se ha pensado que los posibles extraterrestres harían lo mismo (un poco presuntuoso por nuestra parte).

En cuanto a cómo manejar y analizar una cantidad tan enorme de datos sobre radiación electromagnética para encontrar el  “premio”, científicos de la Universidad de Berkeley hallaron una posible solución: Se puede conseguir el “superodenador” necesario uniendo la modesta potencia de miles de ordenadores pequeños; pero ¿de dónde sacar tantos ordenadores dispuestos a trabajar para un proyecto así? La respuesta es un tanto sorprendente: de los hogares de todo el mundo.

Ya sabes que, en cada momento, un ordenador doméstico sólo emplea un parte de su capacidad de procesamiento, así que ¿y si estuviésemos dispuestos a “prestar”  la capacidad de nuestro procesador que no estemos usando para buscar vida extreterrestre?. Hay que reconocer que la idea tiene un marketing bastante bueno: nos brinda la oportunidad de participar directamente desde casa en la búsqueda de vida extraterrestre. La Universidad de Berkeley diseñó un programa que puede instalarse en cualquier equipo informático y que se activa automáticamente cuando el usuario no está haciendo uso del equipo o no afecta a su funcionamiento.

Vista aérea del Observatorio de Arecibo en Puerto Rico

El programa, envía entonces paquetes de  información recibidos por el gran radiotelescopio de Arecibo al ordenador y analiza la información usando el procesador del equipo; luego, reenvía los resultados relevantes a la central de la Universidad. El proyecto se denomina SETI@HOME, comenzó a funcionar en 1999 y, aunque aún no ha logrado hallar datos concluyentes, ha permitido analizar una cantidad de información que de otra forma habría sido imposible. Si quieres saber más o incluso participar en el proyecto consulta la web oficial de SETI@HOME.

3. ¿Dónde buscamos?

Parece que la pregunta ya está respondida en los apartados anteriores y, en parte, así es. En principio, no todos los planetas son capaces de albergar vida. Es necesaria alguna estrella próxima que aporte energía al planeta y una temperatura mínima que permita el estado líquido de algunas sustancias, probablemente agua. A continuación, habrá que buscar algunas de las bioseñales que hemos contado en el artículo anterior.

La estrategia habitual hasta ahora ha sido la de buscar exoplanetas con el mayor parecido posible a la Tierra, ya que ello aumenta las posibilidades de encontrar vida similar a la terrestre, pero algunos científicos proponen una idea más original: ¿Por qué no buscar la vida extraterrestre en nuestor propio planeta?. Quizá te parezca una contradicción y, en cierto modo, así es; pero el planteamiento tiene sentido.

En primer lugar, la Tierra ofrece lugares con condiciones ambientales que pueden ser similares a las d eplanetas extraterrestres. Aguas termales a más de 100 ºC, lagunas con alta concentración de sales o metales, etc. son lugares donde los científicos busca formas de vida extremófilas. El nombre lo dice todo. Se trata de seres vivos microscópicos, generralmente bacterias, capaces de soportar condiciones ambientales extremas. Los extremófilos dan una idea de las posibilidades que posee la vida para adaptarse condiciones muy especiales y de que podamos esperar encontrarla en otros lugares del universo.

Hay otra cuestión curiosa: la Tierra ha intercambiado fragmentos, mediante meteoritos, con otros planetas del sistemas solar, particularmente con Marte. Nos es que los científicos supongan que en los meteoritos hayan podido viajar (y sobrevivir) formas de vida pluricelulares, pero sí cabe la posibilidad de que lo hayan podido hacer formas de vida más simples como bacterias. ¿Podrían existir en la Tierra formas de vida simples descendientes de las que quizá surgieron en Marte? No hay pruebas de esto haya ocurrido, pero la hipótesis no se descarta.

Así pues, es posible que, después de tanto buscar rastros de vida en mundo lejanos, termine siendo más productivo dirigir nuestras miradas a nuestro propio planeta, porque, al fin y al cabo, tampoco conocemos con exactitud el origen de la vida en la Tierra.

Guía para buscar vida extraterrestre

Jacques Monod (Fuente: http://www.nobelprize.org)

En 1970, el científico  Jacques Monod, en su famoso libro “El azar y la necesidad”, opinaba que el ser humano se encontraba solo en la fría inmensidad del Universo, del que surgió únicamente gracias al azar. Se trataba de una opinión común en aquella época, resultado de los nuevos conocimientos acumulados sobre los seres vivos. Se consideraba que la vida era un fenómeno tan increíblemente complejo en sus diferentes niveles de organización (molecular, celular, tisular, etc.) y fruto de tantas circunstancias y procesos especiales, que era muy improbable que pudiera volver a repetirse en todo el Universo.

Claro que, quizá,  Monod y otros muchos, al considerar eso, no eran conscientes de la verdadera inmensidad del Universo: 500.000 millones de galaxias conteniendo 250.000 millones de estrellas cada una de ellas por término medio. Doce mil quinientos trillones de estrellas, muchas de ellas (ahora lo sabemos) con sus propios planetas orbitando a su alrededor. ¿Qué no seríamos capaces de encontrar o de lograr si dispusiéramos de doce mil quinientos trillones de oportunidades?

Un planteamiento como este ayudó a promover  la idea de que la vida podría no ser un fenómeno exclusivo de la Tierra, sino que habría podido surgir en varios puntos del Universo. Para los científicos es evidente que la vida, tal y como es, se ha desarrollado en la Tierra gracias a las especiales características de nuestro planeta. Así pues, si exisen planetas similares a la Tierra en otros lugares del Universo, parece razonable pensar que en ellos también hayan podido ocurrir procesos similares a los que dieron lugar a la vida en el nuestro. Es una hipótesis que considera la vida como una consecuencia predecible a partir de  determinadas características planetarias y no como un hecho único e irrepetible.

Actualmente la búsqueda de vida extraterrestre  no es materia de ciencia-ficción, sino una actividad científica a la que dedican parte o todo su trabajo muchos científicos. Disciplinas como la astrobiología (también llamada exobiología) se dedican precisamente a estudiar la posible existencia de la vida fuera de la Tierra, utilizando conocimientos y métodos de astronomía, biología y geología. Pero, en cualquier caso, una tarea como esta exige tener claras unas cuantas ideas y planificar muy bien el trabajo. Aquí tienes la primera parte de una guía básica para estar al tanto de este apasionante tema:

1.¿Qué buscamos?

Interpretación artística de un exoplaneta (Fuente: http://www.ojocientifico.com)

Seres vivos, claro, pero ¿qué clase de seres vivos? Hombrecillos verdes con antenas no es una buena idea para empezar. Si ya de por sí se trata de una tarea ardua, lo mejor será aclarar qué merece la pena buscar y qué no.

La vida es un fenómeno extraordinariamente diverso, pero a pesar de ello, hay características que comparten todos los seres vivos de la Tierra. Por ejemplo, determinadas capacidades como las de obtener determinadas moléculas del medio, extraer de ellas energía, fabricar otras moléculas peculiares o ser capaces de producir copias de sí mismos son cualidades comunes a todos los seres vivos. Si encontráramos una estructura extraña en otro planeta capaz de hacer todo eso, probablemente le pondríamos la etiqueta de “forma de vida”. Pero esto no es muy útil, a no ser que seamos capaces de desplazarnos hasta donde viven esas criaturas y estudiarlas “de cerca”, cosa bastante difícil teniendo en cuenta las dimensiones del Universo.

No todo está perdido; los seres vivos también se caracterizan por una composición química particular y porque sus reacciones químicas han provocado en la Tierra cambios muy especiales. Por ejemplo, el agua en estado líquido se considera una molécula esencial para la vida, ya que es el disolvente básico de la mayor parte de biomoléculas (las moléculas que se hallan en los seres vivos) y es esencial para que se prouzcan las reacciones químicas que son, en esencia, la vida. La presencia de una gran cantidad de oxígeno molecular en nuestra atmósfera (producto, como ya sabes, de la fotosíntesis) es otra señal de la vida. A todas estas sustancias las llamamos bioseñales  y tienen una gran ventaja: están presenten en gran cantidad en la atmósfera del planeta que alberga la vida.

Además del vapor de agua y el O2, otras moléculas como el ozono (O3) que deriva del oxígeno molecular, el cloruro de metilo (CH3Cl), procedente de la combustión vegetal debida a incendios o el óxido nitroso (N2O) procedente de la descomposición de la materia vegetal, se consideran también bioseñales. Una atmósfera que contenga alguna combinación de estas bioseñales sería un comienzo muy prometedor.

Otros científicos también sugieren que podría ser  útil buscar determinados colores en la superficie de los planetas. Estos colores podrían delatar la presencia de organismos fotosintéticos. En la Tierra, por ejemplo, el color verde de determinadas zonas continentales es la marca inequívoca de que hay vida en esas zonas.

Sin embargo, estamos dando por supuesto que en  otros planetas donde surja la vida, ésta emplearía los mismos tipos de moléculas y los mismos procesos metabólicos que en la Tierra. ¿Y si no fuera así?.

Algunos científicos han propuesto que algunas sustancias como el metano y el etano, que están en estado líquido a temperaturas muy bajas, podrían ser un disolvente que sustituyera al agua en procesos biológicos de otros mundos, pero en ese caso muchas de las biomoléculas deberían ser diferentes. De la misma forma, en otros planetas, podría ocurrir que la fotosíntesis, caso de existir, no empleara agua y, por tanto, no produjera oxígeno molecular. De hecho la fotosíntesis no es imprescindible para la vida y durante milllones de años  la vida en la Tierra se desarrolló sin que existiera ese proceso, así que si algún extraterrestre hubiese empleado la presencia oxígeno atmosférico  como criterio para seleccionar planetas candidatos, habría pasado por alto la Tierra.

El profesor McManus a orillas del lago Mono, en California (EE.UU.), donde se han hallado bacterias capaces de sustituir el fósforo por arsénico.

Otros consideran que algunos elementos químicos típicos de la vida en la Tierra podrían ser sustituidos por otros “similares”. Por ejemplo, el Silicio podría sustituir al Carbono o el Arsénico al Fósforo. De hecho en 2010 tuve la oportunidad de visitar un lugar apasionante: el lago Mono de California en Estados Unidos. Allí se han hallado unas bacterias con una capacidad única: son capaces de sustituir los átomos de fósforo de muchas de sus biomoléculas por átomos de arsénico, sin que por ello dejen de funcionar correctamente. Las bacterias de este lago son una demostración de la capacidad de la vida para adaptarse a todo tipo de situaciones. Esto hace más probable su existencia en otros planetas, pero amplía el abanico de posibilidades que se deberían buscar.

Otro ejemplo: El color de las sustancias que absorben la luz para la fotosíntesis está adaptado al tipo de luz del Sol que llega hasta la Tierra. Pero otras estrellas emiten una luz diferente y esto podría hacer que las plantas aliénigenas (seres fotosintéticos) de planetas que girasen en torno a estrellas diferentes  a nuestro Sol poseyeran colores  distintos al verde de las plantas terrrestres (¿Te imaginas plantas azules, anaranjadas o incluso negras?).

Así pues debemos admitir que cuando elegimos las bioseñales que hemos mencionado antes, estamos apostando por encontrar vida muy similar a la de la Tierra. Sin embargo, debemos mantener una actitud  flexible ante posible hallazgos que no se ajusten exactamente a determinados criterios.

En un arranque de optimismo, algunos científicos han decidido que,  aún mejor que gastar tiempo en buscar rastros de formas de vida con aspecto y desarrollo incierto, es preferible apostar directamente por hallar vida inteligente como nosotros (bueno, quizá mejor, algo más inteligente que nosotros). La idea es tan excitante como aventurada. A este tipo de proyectos de investigación espacial se les denomina SETI (Search of ExtraTerrestrial Intelligence). El primer proyecto SETI se desarrolló en en 1960, cuando se intentaron identificar señales electromagnéticas procedentes del espacio que pudieran haber sido generadas por algún tipo de inteligencia extraterreste. Se  rastrearon las regiones próximas a las estrellas que se consideraban más parecidas al Sol. La verdad es que no se halló nada especial, pero el proyecto sirvió de inspiración para otros posteriores. La NASA desarrolla desde hace años su propio programa SETI con proyectos similares a este. El problema de este enfonque es que la cantidad y diversidad de radiaciones electromagnéticas que hay en el espacio es inmensa. Las radiaciones electromagnéticas son producidas de forman natural por los miles de millones de estrellas de distinto tipo que existen, así que encontrar una señal “diferente” que no pueda ser atribuida a una fuente natural es mucho más difícil que aquello de “encontrar una aguja en un pajar”.

Como ves, la dificultad de la tarea puede resultar desalentadora, pero la importancia del objetivo hace que el desánimo no cunda entre los científicos/as que se dedican a este trabajo. Si quieres descubrir cómo se las ha ingeniado para sobreponerse a estas dificultades y poner en marcha proyectos científicos rigurosos, no te pierdas la segunda parte de esta guía para buscar vida extraterrestre.