La central nuclear de Fukushima seguirá dando problemas

Explosión en la central nuclear de Fukushima poco después del tsunami que asoló la región.

Cuando el 11 de marzo de 2011 se produjo el tsunami que arrasó una parte de la costa este japonesa, el temor inmediato fue el efecto directo de la subida repentina del nivel del mar sobre los habitantes de la zona costera y sus casas. En efecto, la destrucción y las muertes provocadas por la ola gigante fueron terribles. Sin embargo, hoy, más de dos años después, la mayor preocupación de aquel desastre natural tiene mucho que ver con la mano del hombre, y no sólo con los caprichos de la Naturaleza. Los sistemas de refrigeración de un complejo nuclear situado en Fukushima, una de las zonas costeras afectadas por el tsunami, fueron inutilizados por la inundación masiva que sufrió la zona, dando lugar a la peor crisis nuclear después de la de Chernobil.

Sin la fuente de refrigeración adecuada, varios reactores de la planta comenzaron a sobrecalentarse peligrosamente iniciándose un peligroso proceso de fusión de sus núcleos de combustible nuclear. Algunas medidas desesperadas consiguieron evitar el desastre que hubiera supuesto una destrucción de los edificios contenedores de los reactores, pero a costa de liberar cierta cantidad de gases radiactivos de los reactores más dañados (para evitar una explosión) y de enfriar a marchas forzadas el reactor  con grandes cantidades de agua que quedaron contaminadas y que inicialmente debieron ser devueltas al mar.

Se diseñó entonces un plan de contención, cuyo elemento clave era la refrigeración permanente de los núcleos dañados. Dos años después, el problema no ha terminado ni mucho menos y durante el mes de agosto de 2013, han ocurrido nuevos hechos muy preocupantes.

Refrigerar, a toda costa

Aún hoy, es necesario continuar enfriando los núcleos de tres de los reactores con grandes cantidades de agua. Se calcula que cada día se emplean 400.000 litros de agua para mantener estables los reactores dañados. Este agua refrigerante es de vital importancia porque no sólo ayuda a controlar la temperatura de los núcleos, sino que  absorbe una parte importante de la radiación que emiten las varillas de combustible. Esta agua altamente radiactiva no debe ser vertida directamente al mar sino que debe ser tratada antes de ser devuelta al medio.

Tanques de almacenamiento de agua radiactiva y trabajadores de mantenimiento en Fukushima. (Fuente: http://www.rt.com)

El problema es que el proceso de “descontaminación” del agua utilizada para la refrigeración es lento, mucho más que el de su uso. Por ello, como medida de emergencia, se decidió que era necesario un sistema de almacenaje de grandes dimensiones y de construcción sencilla y rápida que pudiera ajustarse al ritmo de producción del agua radiactiva de refrigeración. Se optó por la construcción de numerosos tanques cilíndricos en superficie que progresivamente han ido cubriendo todas las inmediaciones de la planta nuclear. Es un sistema rápido y relativamente barato, pero, a la postre, está provocando todo tipo de problemas.

Ya en  el mes de marzo de 2013, saltaron las alarmas, con algún corte eléctrico que interrumpió el sistema de enfriamiento en varias ocasiones. Los problemas fueron solucionados, pero casi al mismo tiempo comenzó a hablarse de que se habían detectado filtraciones de agua contaminada al entorno circundante.

Filtraciones de agua radiactiva

El problema, sin embargo, se ha ido agravando con el tiempo y ahora TEPCO, la empresa operadora de las instalaciones, y responsable junto con el gobierno japonés, de las medidas que se están tomando, admitió el 19 de agosto que se había producido una fuga de 300 toneladas de agua altamente radiactiva procedente de  uno de los tanques. En un principio se argumentó que el tanque desde el que se ha podido producir la filtración había sido desmontado y vuelto a montar en otro lugar y que este hecho podría estar relacionado con la importante fuga que había sufrido.

Debido a esta fuga se decidió elevar la valoración del nivel de riesgo por contaminación radioactiva a 3 (En el momento del accidente nuclear de 2011 se elevó hasta nivel 7). Este nivel 3, de acuerdo con la definición de los niveles de riesgo que hace la Agencia Internacional de la Energía Atómica, implica un nivel de contaminación radiactiva intensa en una zona concreta pero con baja probabilidad de exposición significativa para personas.

Pero las fugas han vuelto a repetirse y el domingo 1 de septiembre las autoridades reconocían que se habían medido niveles muy altos de radiactividad en las inmediaciones de algunos de los tanques. La fuga podría proceder de dichos tanques o del sistema de conducción entre ellos. Puedes verlo en el siguiente video:

Días antes diversos expertos ya habían expresado abiertamente  su preocupación por la magnitud del problema y sobre su evolución.

Riesgos

Las principales preocupaciones tienen que ver con:

1. Las filtraciones desde los tanques parecen deberse a que una parte de los mismos está construido con un sellado de tipo plástico que está presentando fallos. Decidió emplearse este tipo de sellado en lugar de emplear soldadura por su rapidez, pero ahora todo indica que fue una decisión equivocada. Las filtraciones detectadas hasta el momento proceden de tanques con sellado plástico.

El problema es que este tipo de tanque de almacenamiento representa aproximadamente la tercera parte de los alrededor de 1000 tanques. Es decir, existen algo más de 300 tanques con las mismas características que podrían presentar fallos similares. Los expertos temen que los problemas puedan ir a más y que, con el tiempo, las fisuras en los tanques puedan ir en aumento. De hecho, las filtraciones referidas al 18 de agosto son las mayores detectadas hasta el momento y desde el accidente no habían vuelto a registrase niveles de contaminación radiactiva tan intensa como los declarados el domingo. En esa hipotética situación de fallo generalizado de estos contenedores, las fugas de agua radiactiva representarían una verdadera pesadilla.

2. El agua radiactiva podría escapar no sólo de los tanques de almacenamiento sino filtrase a través del propio basamento dañado por la fusión del núcleo de tres de los reactores. En el momento del accidente se sospechó que el intenso calor generado en los núcleos de los reactores y las condiciones propiciadas por el tsunami podrían haber dañado el basamento de algunos de ellos. El agua inunda los sótanos de alguno de ellos.

Esquema que muestra la filtración de agua radiactiva y posible drenaje hacia el mar desde las planta nuclear de Fukushima

3.  El agua radiactiva que escapa de los sistemas de almacenamiento puede filtrarse, al menos en parte, a través del suelo sobre el que están asentadas las estructuras. En parte, esto es positivo, porque está demostrado que el filtrado a través de la tierra sirve para retener algunos isótopos radiactivos como los de Cesio, pero no así otros, como el Estroncio 90. El principal problema reside en que se sabe que bajo la superficie de la central de energía de Fukushima discurren importantes corrientes subterráneas de agua de drenan el agua de montañas cercanas hacia el mar. Así pues, la gran preocupación es que parte de los isótopos puedan ser arrastrados hasta el mar al alcanzar estos flujos de agua subterránea. Una vez allí algunos isótopos se depositarían en los sedimentos marinos y entrarían en la red trófica del ecosistema marino de la zona, provocando alteraciones de los ecosistemas difícilmente controlables.

Actualmente se están construyendo diques subterráneos de contención entre la central y el mar, pero esta medida podría ser insuficiente si los vertidos de agua radiactivas se hacen mayores.

4. El altísimo nivel de radiación actual de los núcleos de combustible nuclear de la central hará inviable plantear su retirada durante un tiempo prolongado. Así pues, es completamente necesario continuar afrontando el refrigerado de dichos núcleos y el grave problema  del almacenamiento de agua radiactiva durante meses. Se calcula que la capacidad de almacenamiento actual está usada al 85%. Por tanto, será necesario continuar construyendo nuevos tanques de almacenamiento que sean capaces de soportar durante cierto tiempo el almacenaje de este peligroso material.

5. Paralelamente, se han publicado algunos informes que muestran un incremento inusual de alteraciones de tiroides en niños en Japón e incluso en la costa Oeste de Estados Unidos. Algunos de estos informes relacionan directamente este incremento con el accidente nuclear. No obstante, otros argumentan que en caso de que tuviera alguna influencia, la incidencia de este accidente en enfermedades de tiroides no se apreciaría hasta pasados 2 o  3 años más, es decir, es demasiado pronto para poder atribuir estos datos a Fukushima.

En cualquier caso, los costes y la magnitud técnica de los problemas a solucionar podrían estar desbordando a la empresa TEPCO. La empresa operadora de la central ya ha pedido ayuda internacional para afrontar las dificultades de la situación, mostrando de esta manera un cambio de actitud, ya que hasta ahora había querido demostrar su capacidad para afrontar la crisis por sí misma. En suma, y por desgracia, la crisis nuclear del desastre de Fukushima está lejos de haber acabado y algunos expertos plantean una situación muy grave que podría complicarse en un futuro debido a las grandes dificultades para contener los escapes de agua radiactiva y las complicaciones que puede conllevar la futura retirada de las varillas de combustible nuclear que actualmente es necesario enfriar.

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