Momificación en el Antiguo Egipto: ciencia y rito

Pirámides de Guiza McManus

El profesor McManus en Egipto con las pirámides de Guiza al fondo.

Los antiguos egipcios creían en la inmortalidad.  La vida después de la muerte se veneraba envuelta en un halo de misterio, respeto y misticismo… pero el paso de este mundo a la vida inmortal requería un riguroso protocolo tanto desde el punto de vista ritual, como desde los procedimientos técnicos que se seguían. Descubre la ciencia de la momificación en Naturalmente, Ciencias.

Los antiguos egipcios poseían un complejo concepto del ser humano, especialmente de su espíritu, que según su cultura estaba formado por hasta 7 componentes diferentes (algunos de ellos alcanzados sólo por algunos seres humanos). En el Antiguo Egipto no se creía que el cuerpo físico como tal (denominado Khat) resucitase y abandonase su tumba; pero sí estaban convencidos de que jugaba un  papel fundamental en el tránsito hacia la vida eterna, ya que era el soporte físico imprescindible para que al reunir en él otros componentes (como el Ka, una especie de fuerza vital), se alcanzase un cuerpo espiritual (Sahu) inmortal, capaz de vivir entre los dioses. Así pues, mantener un cuerpo físico incorrupto era uno de los requisitos más importantes para realizar el tránsito hacia la vida inmortal, de ahí el interés y esfuerzo por preservar hasta donde fuera posible la integridad del cuerpo después de la muerte.

La ciencia de la momificación

sarcófago de Hor

Sarcófago de Hor. Sarcófago de madera decorado de la época de la 22ª dinastía (945-715 a. C.). Se exhibe en el Museo Británico. (Fuente: http://www.britishmuseum.org)

Los antiguos egipcios fueron perfeccionando sus técnicas de momificación con el paso de las generaciones, basándose exclusivamente en las observaciones que les proporcionaba su experiencia y aún sin conocer con detalle los procesos implicados en el procedimiento. Hoy día, conocemos el rito funerario de la momificación con bastante detalle, pero también los fundamentos científicos que explican la eficacia del proceso.

El principal problema para pereservar un cuerpo tras la muerte es la descomposición y, especialmente, la fase de putrefacción. Estamos formados por materia orgánica, que también es alimento para otros seres vivos. No, no pienses en grandes depredadores… Quienes suelen acabar definitivamente con la efímera delicadeza de nuestros cuerpos suelen ser organismos extremadamente pequeños: las bacterias y hongos microscópicos.  Algunas de ellas viven de forma natural dentro de nuestro intestino e incluso son importantes para la fabricación de algunas vitaminas, pero durante la vida, nuestro sistema inmunitario las mantiene a raya para que no se introduzcan, multipliquen y propaguen en nuestros tejidos.

Sin embargo,  tras la muerte, las bacterias (incluso aquellas que han convivido pacíficamente en nuestro tubo digestivo), encontrarán campo abierto para alimentarse, transformando la materia orgánica de la que estamos hechos. Las células y sus orgánulos irán degradándose paulatinamente. Las complejas biomoléculas que tanto ha costado fabricar (proteínas, glúcidos y lípidos) irán siendo destruidas y reutilizadas por los microorganismos. En un año, apenas quedará nuestro esqueleto y al cabo de varias décadas, 40-50 años, nisiquiera eso. Nuestro propio cuerpo en descomposición le proporciona a los microorganismos otra sustancia fundamental para cualquier ser vivo: el agua (ya sabes que nuestro cuerpo está formado en un 70% por agua). Vista así, la descomposición del cuerpo tras la muerte parece un hecho inevitable donde todos los ingredientes (microorganismos, materia orgánica y agua) están servidos, así que los antiguos egipcios parecían tenerlo difícil para preservar los cadáveres de sus difuntos.

Los antiguos egipcios no sabían nada, desde luego, de las bacterias y otros organismos microscópicos, pero eran buenos observadores, y se habían dado cuenta de que la salazón, es decir, mantener la carne o el pescado en sal, ayudaba a prevenir la putrefacción y a almacenar el alimento durante un tiempo prolongado. También conocían que el enterramiento de sus muertos en las secas arenas de los desiertos hacía que los cadáveras sufrieran una descomposición mucho más lenta que les llevaba a un estado de conservación especial. De hecho, la palabra momia proviene de la egipcia mummia (alquitrán) porque al observar cadáveres enterrados tiempo atrás, los antiguos egipcios descubrían que estaban cubiertos de una sustancia negruzca que les recordaba al alquitrán.

Así pues, se dieron cuenta de que uno de los secretos para conservar a sus difuntos era extraer el agua de los cadáveres con la mayor eficacia y rapidez posible. Pero había un problema secundario, al deshidratar el cuerpo, su estructura se hacía mucho más frágil y quebradiza, lo que dificultaba mantener intacto el cuerpo durante periodos prolongados. Por tanto, también era necesario idear un método para conferir cierto grado de elasticidad y consistencia al cuerpo durante mucho tiempo.

A continuación tienes un sencillo esquema de todo el proceso que vamos a analizar con detenimiento.

A los requerimientos “técnicos” había que añadir también los rituales: naturalmente habría sido fácil dividir el cadáver en pequeños fragmentos y conservarlos de esta forma, pero, evidentemente, esto estaba muy lejos de las exigencias del ritual funerario. El objetivo era conservar la unidad e integridad del cuerpo hasta donde fuera posible para proporcionar un soporte adecuado durante el peligroso tránsito a la vida después de la muerte.

Los antiguos egipcios practicaban diversos procedimientos de momificación, con diferente grado de refinamiento según las posibilidades económicas de la familia del difunto que corría con los gastos. El procedimiento más elaborado, que generalmente sólo se aplicaba a grandes personalidades (especialmente miembros de la familia real) o miembros de familias muy adineradas, es un excelente ejemplo de ciencia y ritual combinados. Cada fase del proceso tenía un significado ritual, pero también un fin práctico para mejorar la técnica.

Primeros pasos

En primer lugar el proceso de momificación no se iniciaba inmediatamente tras la muerte sino que con frecuencia solía comenzar uno o dos días después. Este corto periodo era suficiente para que comenzara la autolisis de algunos tejidos, especialmente el tejido nervioso del cerebro. Inmediatamente tras la muerte, las células comienzan a “romperse” y liberan proteínas enzimáticas (hasta entonces guardadas en su interior) que aceleran la autodigestión del tejido.

El cuerpo era colocado sobre una mesa especial de piedra,  se lavaba con vino de palma y se perfumaba con aceites y extractos de plantas aromáticas. El uso de sustancias que camuflaran el olor durante el proceso era lógico. El vino de palma, con una concentración aproximada de alcohol etílico de un 15%, servía, además, como desinfectante, eliminando así parte de los microorganismos que podrían iniciar el proceso de putrefacción. Sin saberlo, los sacerdotes embalsamadores practiban ya técnicas antisépticas en sus operaciones de momificación.

Extracción y embalsamamiento de órganos

A continuación se extraían diversos órganos siguiendo diferentes procedimientos. Sin duda, los egipcios habrían deseado momificar el cuerpo intacto para mantener la unidad del mismo, pero su deseo chocaba con una dificultad técnica que tenían que resolver: Las vísceras de la cavidad abdominal, los pulmones o el cerebro eran masas demasiado voluminosas y con una proporción de agua elevada como para conseguir una deshidratación lo suficientemente rápida. Así pues, en las técnicas más elaboradas se procedía a extraer todos estos órganos.

Extracción cerebro momificación

Extracción del cerebro a través de la cavidad nasal mediante ganchos

El cerebro era el  que recibía un trato menos “delicado” para ser extraído. Quizá esto pueda sorprenderte  teniendo en cuenta la importancia de este órgano, pero los antiguos egipcios desconocían el verdadero papel del cerebro. Para ellos, los pensamientos y las emociones eran responsabilidad del corazón y, aunque sabían de la participación del cerebro en algunos detalles del  comportamiento, no le daban demasiada importancia en lo que respecta al espíritu del ser humano. Así pues, los sacerdotes responsables de la momificación introducían una especie de gancho alargado y metálico a través de las fosas nasales y rompían el fino y poroso tabique óseo del etmoides, hueso que sepera la cavidad nasal de la cavidad craneal. Luego, extraían  el tejido cerebral que ya había comenzado a experimentar autolisis a través del agujero que habían abierto con ayuda del gancho. Si con esto no era suficiente, podían introducir algunos aceites esenciales, como el de cedro, que ayudaban a completar el proceso de limpieza, sin que se notase ningún desperfecto desde fuera. A continuación se desechaba el fluido y se rellenaba o al menos se taponaba de cavidad craneal con resina.

Vasos canopos

Vasoso canopos pertenecientes a una mujer egipcia llamada Neskhons. Se exhiben en el Museo Británico. (Fuente: http://www.britishmuseum.org)

Por el contrario, con los intestinos, hígado, estómago y pulmones se seguía un proceso más elaborado. No debían dejarse en el cuerpo, porque habrían dificultado mucho la desecación, pero tampoco debían desecharse sin más, porque habrían privado al cuerpo de órganos importantes. Así pues, se realizaban cuidadosos cortes en el abdomen y en la zona del diafragma y se extraían los cuatro órganos nombrados. Se embalsamaba cada uno mediante un procedimiento similar al que se usaba para el resto del cuerpo  y, a continuación, se introducía cada uno por separado en un recipiente especial que recibe el nombre de vaso canopo o canope. Como te habrás imaginado, existían cuatro vasos canopos diferentes que se diferenciaban especialmente en su tapadera (con forma de cabeza humana para el hígado, con forma de cabeza de babuino para los pulmones, con forma de cabeza de halcón para los intestinos y de chacal para el estómago).

Instrumental empleado para los procesos de momificación. (Fuente: http://www.civilization.ca)

El corazón se dejaba en el cuerpo, primero porque su pequeño tamaño y su naturaleza muscular no suponían un grave problema para la momificación; segundo porque se consideraba el soporte físico del ib, es decir, el componente del cuerpo espiritual responsable de pensamientos y emociones.  El corazón debía “ser pesado” tras la muerte para valorar los méritos de la persona durante su vida como forma de juicio global para valorar el destino que le correspondía, así que era importante dejarlo en su lugar.

Deshidratación con natrón

Antes de proserguir, se lavaba bien el interior del cuerpo con vivo de palma y sustancias aromáticas. El vino de palma, gracias a su contenido en alcohol, ejercía, junto con otras sustancias cierta acción desinfectante que ayudaba a retrasar la putrefacción.

Luego se rellenaba el cuerpo con diferentes especias y extractos de plantas aromáticas. Con frecuencia, se introducían también saquitos de una sustancia (más correctamente, una mezcla de sustancias) llamada natrón, que también se usaba para recubrir completamente el cuerpo. Así, enterrado y rellenado con natrón, el cuerpo permanecía durante un periodo aproximado de 40 días. Cada varios días de renovaba parcialmente el natrón para mejorar el proceso de deshidratación.

Deshidrtatación con natrón

Deshidratación con nstrón. Una vez eviscerado, el cuerpo se rodeaba y rellenaba con natron para acelerar su deshidratación. (Fuente: http://egyptiansyear4.weebly.com)

El natrón es una sal natural que se extrae de los lechos secos de determinados tipos de lagos o corrientes salinas. Químicamente su componente principal es el carbonato de sodio, aunque también suele contener  cierta proporción de bicarbonato de sodio y, en menor cantidad, cloruro sódico. Las moléculas de carbonato de sodio tienen una propiedad muy destacada: la de asociarse a numerosas moléculas de agua (10 moléculas de agua por cada molécula de carbonato de sodio). Por tanto, el natrón es un excelente agente deshidratante que abosorbe la humedad que haya a su alrededor. El natrón era (y contnúa siendo) muy abundante en Egipto, así que no es raro que fuera usado para esta finalidad, ya que hacía falta en cantidades considerables.

Deshidratación con natrón

Deshidratación con natrón. Gracias a su capacidad de absorber agua, el natrón la extrae del cuerpo del difunto (flechas negras)
A. Si no se extraen las vísceras la deshidratación sólo se produce desde fuera y es sólo parcial. B. Al extraer las vísceras y rellenar, en parte, con natrón, este actúa tanto desde fuera como desde dentro, acelerando así el proceso de deshidratación.

Rodeando por fuera y por dentro con el natrón, se conseguía una eficaz deshidratación del cuerpo y al eliminar el agua del cadáver se impedía que las bacterias pudieran multiplicarse y desarrollar el proceso de putrefacción. El truco de extraer los órganos y rellenar el cuerpo, por una parte, y embalsamar los órganos extraídos por otra, mejoraba notablemente el proceso de momificación, ya que de esta manera se aumentaba significativamente la superficie de contacto con el natrón y, por tanto, se aceleraba la deshidratación.

Una vez concluida la desecación se extraía el natrón que se había introducido dentro del cuerpo y este se rellenaba con hierbas aromáticas, especias e incluso serrín empapado en resina. De esta forma el cuerpo podía conservar su forma.

Resinas y vendas de lino

La desecación mediante natrón era un sistema muy eficaz para prevenir la putrefacción, pero aportaba un problema importante: al deshidratar el cuerpo, la falta de agua hacía que algunas partes se volvieran más frágiles y quebradizas, al perder gran parte de su elasticidad. Los expertos en momificación encontraron una solución al problema: Usar resinas naturales de plantas. Las resinas de plantas pueden manejarse como líquidos cuando son extraídas pero adquieren mayor consistencia al contacto con el aire. Suelen tener propiedades antisépticas, es decir, impiden multiplicarse a los microoganismos y, además, conservan un alto grado de elasticidad durante bastante tiempo. En definitiva, se trataba de una sustancia perfecta para paliar el problema.

Las resinas se usaban introduciéndolas directamente en las cavidades del cuerpo para dar más consistencia, pero también para impregnar las bandas de tejido de lino con las que se envolvía totalmente el cadáver. Era un trabajo minucioso que prestaba atención a cada detalle. Las piernas se juntaban y los brazos se pegaban al cuerpo (en diferentes posiciones según la época). El vendaje de la momia de este modo aportaba un grado de protección y durabilidad muy importante a la misma y, además, servía para colocar amuletos diversos entre las numerosas capas de vendas que acompañarían al difunto en su transición al más allá.

El cuerpo era sometido a un complejo ritual en el que era necesario pronunciar determinadas frases que guiaban al muerto en su viaje y tocar su cuerpo con determinados objetos para asegurar el regreso del Ka al cuerpo momificado. Por último se introducía dentro de uno o varios sarcófagos, algunos de ellos, en el caso de los faraones, de un lujo deslumbrante, y se llevaba a su tumba, quizá una profunda cámara mortuoria en el corazón de una pirámide.

Momificación de otros seres vivos y en otros lugares del mundo

Momia de gato, probablemente del siglo I a. C.. Forma parte de la colección del British Museum. (Fuente: www.britishmuseum.org)

Momia de gato, probablemente del siglo I a. C.. Forma parte de la colección del British Museum. (Fuente: http://www.britishmuseum.org)

Los antiguos egipcios pensaban que muchas especies animales que convivían con ellos estaban estrechamente vinculadas con algunos dioses de forma que eran la encarnación en la Tierra de algunas de sus cualidades. No es extraño, por tanto, que en forma de ofrendas a sus dipses, los egipcios momificaran diferentes especies animales, entre ellas gatos, halcones, perros y hasta toros. En general, las momias de animales eran menos cuidadosas que las de personas y se cuidaban mucho más los detalles externos como la forma de colocar las vendas, que la estructura del animal. Una vez realizadas, las momias podían ser vendidas a creyentes piadosos  para que fueran depositadas como ofrenda en los templos del dios correspondiente. Hasta nuestros días han llegado decenas de miles de ejemplares, algunos de ellos sorprendentes.

La momificación tampoco es, ni mucho menos, una práctica exclusiva de la antigua civilización egipcia. En otros muchs lugares del mundo han tenido lugar prácticas de momificación con un significado ritual bastante parecido al egipcio.

Quizá te resulte curioso saber que en la antigua civilización guanche, en las Islas Canarias, se realizaron prácticas de momificación bastante parecidas a las del Antiguo Egipto. Se han encontrado numerosas momias guanches en la isla de Tenerife, datadas entre los siglos III y XIV d,C. Igualmente, diversas culturas precolombinas en Sudamérica, como la inca y, especialmente la milenaria cultura chinchorro en el Sur de perú y Norte de Chile, realizaban elaboradas ténicas de momificación que, aunque con notables diferencias con respecto a la momificación egipcia, utilizaban algunas estrategias parecidas: extracción de órganos, desecación, rellenado con plantas aromáticas para dar forma, etc.

Estos parecidos demuestran que, al margen de los significados rituales que cada cultura haya esgrimido para justificar la momificación, este proceso ha debido resolverlos mismos problemas biológicos y químicos en diferentes partes del planeta y momentos d ela historia, por lo que no es de extrañar que se hayan desarrollado técnicas similares, al menos, en sus aspectos básicos.

12 thoughts on “Momificación en el Antiguo Egipto: ciencia y rito

  1. Estos datos nos van a servir bastante para el trabajo de la exposición de este año, por lo que veo es un extensión de las explicaciones en clase.
    Pd: A ver si nos traes algunas fotos de Egipto, profesor McManus, se te ve muy contento por allí.

    • Me alegro de que os puedan resultar útiles los datos. La idea es esa. En efecto, los restos del antiguo Egipto que pueden verse en el Egipto actual son espectaculares y haber tenido la oportunidad de estar allí aún me parece irreal…

  2. Pingback: Jugar con Egipto | LaSSociaLeS Blog

  3. Buenos días,
    No recuerdo como se llamaba el proceso de extracción del cerebro. Recuerdo que en el colegio siempre lo nombraban.
    A ver si me pueden ayudar….tenemos un dilema en casa

    • Hola, Fabiola.
      No estoy seguro de poder ayudarte en tu consulta pero trataré de hacerlo.
      Desconozco el término que en aquel tiempo se usaba para referirse a la extracción ritual del cerebro durante el proceso de la momificación.
      Técnicamente, el sufijo -ectomía significa extirpación o extracción, así que este procedimiento podría denominarse cerebroctomía o encéfaloctomía.
      En ocasiones menos refinadas, la extracción se realizaba separando la mayor parte de la parte superior del cráneo. Este proceso se denomina craneotomía. El cerebro era extraído y luego se volvía a colocar la porción de cráneo retirada.
      Por último, los egipcios de la antigüedad eran capaces realizar intervenciones quirúrgicas en las que practicaban un orificio en el cráneo para acceder al cerebro directamente. La realización de este agujero se denomina trepanación.
      Espero que alguno de estos términos te pueda ayudar a resolver tu duda.
      Gracias por participar en el blog.

  4. Pingback: Momificación: tecnología de la eternidad - Inferentes

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