Dietas para adelgazar (II). Cómo perdemos peso

Hola amigos/as. En un post anterior sobre los mecanismos  del metabolismo para almacenar energía os contaba los motivos y procesos que nos hacen engordar. En él os explicaba que la fabricación de triglicéridos por su interés como reserva energética y su acumulación en el tejido adiposo bajo la piel son los causantes de que engordemos cuando ingerimos más energía de la que necesitamos. Es, curiosamente, el espíritu previsor y ahorrativo de los seres vivos quien contribuye  a provocar este proceso que tanto nos puede molestar o perjudicar.

Querer adelgazar puede ser una decisión saludable, cuando nos encontramos en una situación de sobrepeso. La OMS considera que un índice de masa corporal (IMC) de entre 18 y 25 correponde a un peso normal. Por encima de 30 se define como obesidad.  Preocupa especilmente que una acumulación excesiva de grasas está relacionada con algunas de las enfermedades cardiovasculares más importantes. Resulta paradójico que un mecanismo de supervivencia, diseñado evolutivamente durante millones de años para superar periodos de escasez de alimento, haya terminado convirtiéndose en un serio problema para las sociedades más desarrolladas.

No obstante, en muchas ocasiones, querer adelagazar es una cuestión meramente estética que convertimos en una necesidad perentoria. La obsesión por una imagen pefecta no es precisamente la mejor forma de disfrutar de la vida. Sin embargo, sea cual sea el motivo que nos lleva a querer adelagazar, hay detalles muy importantes que debes tener en cuenta. Los medios de comunicación y especialmente Internet se hallan inundados de información sobre dietas de adelgazamiento, pero suele ser una información sorprendentemente superficial . En muchos casos no son más que menús muy concretos con nombres de lo más variopinto: la dieta del tomate, del astronauta, del milagro. Adoptar estas dietas es una verdadera cuestión de fe, porque no se explica nada sobre los motivos de su eficacia o, si se incluyen explicaciones, éstas suelen ser muy poco rigurosas. Otras pueden aportar argumentos y explicaciones de apariencia convincente sobre su eficacia, pero no desvelan con total claridad sus posiblen efectos adversos.

Así que he pensado que quizá te guste saber un poco más sobre cómo funcionan las dietas de adelgazamiento para que si alguna vez lo necesitas puedas decidir con verdadera libertad.

El metabolismo durante el ayuno

Para entender cómo funcionan las dietas es muy útil conocer previamente cómo reacciona el organismo a una situación de ayuno para asegurar el suministro energético. No es que una dieta de adelgazamiento equivalga a un ayuno, pero muchos de los mecanismos implicados en ambas situaciones son los mismos.

Hay una idea clave que debes tener presente: aunque existen diversos tipos de biomoléculas de las que nuestro metabolismo puede obtener energía, no todos los órganos son capaces de realizar los mismos procesos químicos y, por lo tanto, no todos pueden “apañárselas” con cualquier nutriente energético. El mejor ejemplo de esto es el cerebro, que necesita obligatoriamente glucosa (aunque en caso necesario puede complementar sus fuentes de energía con unas moléculas más pequeñas, denominadas cuerpos cetónicos, de las que luego hablaremos). Así pues, el primer objetivo es asegurar a toda costa el suministro de glucosa (o, en su defecto, de cuerpos cetónicos) al cerebro y para ello nuestro organismo cuenta  con sofisticados y complejos mecanismos para mantener la concentración de glucosa en la sangre dentro de unos límites máximos y mínimos.

Cuando la glucosa circulante en sangre empieza a escasear, las células hepáticas y musculares activan la glucogenólisis. En este proceso, las moléculas de glucógeno, que están formadas por la unión de numerosas moléculas de glucosa en cadena, se fragmentan. De esta forma, se libera la reserva de glucosa de estas células. La glucogenólisis es un proceso cotidiano que tiene lugar diarimente cuando transcurren algunas horas entre comidas (por ejemplo, durante la noche). La reserva de glucógeno se moviliza muy rápidamente, pero su capacidad de suministrar glucosa es bastante limitada, hasta unas 24 horas como mucho, aunque mucho menos si la actividad física es significativa. Observa el funcionamiento de esta fase en el siguiente esquema realizado a partir del esquema general que figuraba en el post anterior.

Metabolismo durante el ayuno (fase 1). Observa cómo, en un primer momento, el descenso de glucosa en sangre activa la degradación del glucógeno (glucogenolisis) para mantener el suministro de glucosa. Haz click sobre la imagen para aumentar. Los procesos coloreados son los predominantes.

Metabolismo durante el ayuno (fase 1). Observa cómo, en un primer momento, el descenso de glucosa en sangre activa la degradación del glucógeno (glucogenolisis) para mantener el suministro de glucosa. Haz click sobre la imagen para aumentar. Los procesos coloreados son los predominantes.

Si las reservas de glucógeno se agotan, entra en funcionamiento el siguiente mecanismo, que consiste en hacer uso de nuestra reserva de energía en forma de lípidos. Se activa la lipolisis y los ácidos grasos se degradan (“trocean”) hasta pequeñas moléculas de acetil-CoA, idénticas a las que se forman mediante degradación de la glucosa. El objetivo es mantener “alimentado” con está molécula al ciclo de Krebs para que pueda seguir funcionando y produciendo energía. Con frecuencia, mediante este mecanismo se produce más acetil-CoA del que puede ser “procesado” por el ciclo de Krebs. Pero en nuestro organismo nada se desperdicia. El excedente de acetil-CoA se usa para fabricar unas pequeñas moléculas muy útiles llamadas cuerpos cetónicos. Los cuerpos cetónicos son importantísimos debido a una limitación que poseen algunos órganos como el cerebro.

Los ácidos grasos no son capaces de llegar hasta las células cerebrales debido a unas mebranas que filtran todo lo que llega hasta este y que en conjunto se denominan barrera hematoencefálica. Así pues, nuestro cerebro no puede contar directamente con la reserva de lípidos de la que estamos hablando. Sin embargo, nuestro cerebro es uno de los órganos con mayor gasto de energía. ¿Cómo se las apaña?… ¡Efectivamente! gracias a los cuerpos cetónicos. Estas pequeñas moléculas, al igual que la glucosa, sí son capaces de llegar hasta las células cerebrales y pueden ser degradas para fabricar el preciado acetil-CoA, imprescindible para el ciclo metabólico. Puedes observar todos estos procesos en el siguiente esquema sobre el metabolismo en esta fase del ayuno.

Metabolismo durante el ayuno (fase 2). Al agotarse la reserva de glucógeno, se movilizan las reservas de grasas que al ser degradadas producen el acetil-CoA suficiente para que el ciclo de Krebs siga funcionando. Haz clic sobre la imagen para aumentar.

Metabolismo durante el ayuno (fase 2). Al agotarse la reserva de glucógeno, se movilizan las reservas de grasas que al ser degradadas producen el acetil-CoA suficiente para que el ciclo de Krebs siga funcionando. Haz clic sobre la imagen para aumentar.

Las reservas de lípidos pueden proporcionar energía durante semanas y aunque el ciclo de Krebs funciona “a medio gas” debido a que muchas de las moléculas que deben participar se transforman para fabricar glucosa para nuestro cerebro, el organismo puede sobrevivir durante periodos prolongados. Sin embargo, si el ayuno persiste, las reservas de lípidos también se agotarán.

Para estos casos de verdadera emergencia, el metabolismo se guarda una medida “desesperada”: Usar las proteínas como fuente de energía. Las proteínas están formadas por otras moléculas más pequeñas llamadas aminoácidos. Degradando aminoácidos (mediante un proceso llamado desaminación oxidativa) es posible fabricar todo tipo de moléculas necesarias para el ciclo de Krebs, gracias a lo cual nuestras células consiguen mantener en funcionamiento nuestro organismo durante un tiempo extra.

Ten en cuenta que las proteínas tienen un rendimiento energético similar al de los glúcidos. Sin embargo, esto tiene consecuencias graves: las proteínas juegan papeles estructurales y de otros tipos muy importantes, así que destruirlas para producir energía es como quemar los muebles de una casa para producir calor cuando ya no queda leña. Una verdadera situación desesperada que puede tener un desenlace fatal. Observa los detalles de esta tercera fase de nuestro metabolismo durante el ayuno en la siguiente imagen.

Metabolismo durante el ayuno (fase 3). Las reservas energéticas se agotan. El organismo recurre a los aminoácidos para obtener energía, pero para ello se ve obligado a "romper" las proteínas, que están formadas por la unión de muchas de esta pequeñas moléculas. Haz clic sobre la imagen para aumentarla.

Metabolismo durante el ayuno (fase 3). Las reservas energéticas se agotan. El organismo recurre a los aminoácidos para obtener energía, pero para ello se ve obligado a “romper” las proteínas, que están formadas por la unión de muchas de esta pequeñas moléculas. Haz clic sobre la imagen para aumentarla.

La dieta perfecta exige constancia; la más deseada, rapidez

Ninguna dieta de adelgazamiento pretende llegar a estos extremos, pero adelgazar requiere siempre hacer uso de la reserva de lípidos sin que se repongan de nuevo en la misma proporción. Esto implica que nuestra dieta debe ser controlada para no incorporar más nutrientes de los necesarios. El principal problema de las buenas dietas de adelgazamiento es que requieren constancia. Todos los especialistas en nutrición recomiendan dietas basadas en una alimentación variada que incluya todos los tipos de nutrientes en las proporciones adecuadas, aunque en cantidades controladas. Además, se recomienda siempre combinarlo con ejercicio físico. El ejercicio físico tiene un doble beneficio: promueve la activación de las reservas de lípidos para producir energía y mejora nuestra salud muscular y cardíaca. Pero queremos resultados rápidos y esto da pie a todo tipo de estrategias que, en casi todos los casos, fuerzan la máquina del metabolismo, a veces de forma peligrosa.

La dietas de adelgazamiento con las que debemos tener más cuidado son aquellas que incluyen sustancias químicas de efectos milagrosos. Existen numerosas sustancias químicas naturales y artificiales que se venden por sus propiedades supuestamente adelgazantes, pero en muchsos casos sus efectos son nulos o engañosos y, con frecuencia, tienen efectos secundarios adversos, por lo que sólo deben usarse bajo supervisión médica. Muchos de los productos “adelgazantes” son, en realidad, diuréticos o laxantes, es decir, favorecen la eliminación de agua en la orina o en las heces, pero no la eliminación de grasas. El efecto es completamente engañoso y perjudicial: perdemos peso a costa de deshidratar nuestro cuerpo.

Otros productos químicos influyen sobre la absorción de grasas, pero aquellos cuyo efecto se ha demostrado también tienen importantes efectos secundarios. El más conocido de todos es probablemente el Orlistat, que se vende bajo diversas denominaciones comerciales. El Orlistat bloquea la digestión de las grasas en el interior del tubo digestivo (en concreto, impide el funcionamiento de una enzima fabricada por el páncreas). Al no poder digerirse, las grasas no pueden ser absorbidas y no pasan, por tanto, a los tejidos de la persona que toma el medicamente. El problema es que esto puede provocar  diversos trastornos gastrointestinaes e incluso hepáticos que pueden llegar a ser graves.

Otras sustancias supuestamente adelgazantes son en realidad drogas antidepresivas o sustancias similares que alteran el funcionamiento del organismo. Un ejemplo de este tipo de sustancias es la fluoxetina (vendida inciacialmente bajo el nombre de Prozac), que se emplea para tratar trastornos depresivos y/o compulsivos.En este sentido, a veces puede usarse para tratar algunos trastornos de la alimentación con un componente compulsivo como la bulimia o algunos tipos de obesidad, pero siempre bajo supervisión médica, por los efectos secundarios que puede conllevar.

Como conclusión puede decirse que las sustancias químicas supuestamente adelgazantes, o no lo son, o producen un adelgazamiento junto con un peligroso conjunto de otros efectos secundarios. Lo peor es que el intento de control médico por parte de las autoridades sanitarias de todos los países para preservar la salud de los ciudadanos ha favorecido un mercado negro en el que la falta de supervisión hace que puedan estar vendiendo toda clase de sustancias prohibidas por sus efectos adversos.

El fenómeno Dukan

Otras dietas no incluyen ningun tipo de medicamentos, sino una determinada combinación de alimentos o la exclusión de algunos de ellos. Actualmente, la dieta Dukan, es probablemente la más conocida de este último tipo. Se trata de una dieta basada casi exclusivamente en el consumo de proteínas (al menos, durante las primeras fases). Por eso se dice que es una dieta hiperproteica (en la cual se excluyen glúcidos y grasas).

Después de ver cómo se comporta nuestro metabolismo durante el ayuno puedes entender bastante bien cómo funciona esta dieta: Al no ingerir glúcidos, las reservas de glucosa comienzan a descender, lo que activará la movilización de las reserva de grasa. Al no ingerir tampoco grasas, dificultamos que estas sean repuestas. Pero, a diferencia de una situación de ayuno, el abundante aporte de proteínas provoca dos efectos: Por una parte, “no pasamos hambre”, una de las situaciones que más rechazo provocan en muchas personas. Por otra, “incitamos” a nuestro metabolismo a hacer uso de una vía de obtención de energía que suele ser sólo de emergencia, pero que en este caso no lo es: las proteínas. Aparentemente, esta abundancia de proteínas en la dieta no debería representar un problema, pero la realidad, según los especialistas en nutrición, es muy diferente.

El truco de la dieta Dukan parece realmente ingenioso,… pero ¡no funciona como se publicita y tiene efectos adversos notorios!

En primer lugar, la activación de los aminoácidos como fuente de energía, hace que se destruyan también proteínas propias (a pesar de la abundancia de aminoácidos en la dieta). Se ha demostrado que durante esta dieta se produce una clara pérdida de masa muscular (en la que abundan especialmente las proteínas) . Con las proteínas que se detruyen se elimina también una importante cantidad de agua que se forma durante el proceso de degradación de las proteínas. En definitiva, la pérdida de peso, atribuida exclusivamente por la propaganda de la dieta al uso de grasas, se debe también en una proporción considerable a la destrucción de proteínas propias y eliminación de agua.

En segundo lugar, este tipo de dieta produce un excedente de acetil-CoA que da lugar a una intensa producción de cuerpos cetónicos. Este exceso prolongado de cuerpos cetónicos en la sangre provoca una acidificación de la misma. La acidificación excesiva de la sangre puede alterar el funcionamiento de numerosas moléculas, pudiendo afectar negativamente a la salud. Pero aún hay más: Cuando los aminoácidos se degradan, se forma una molécula residual, el amonio. El amonio es muy tóxico, y aunque se transforma en moléculas menos tóxicas, debe ser eliminado a toda costa antes de que alcance una concentración excesiva. Esto hace que durante el seguimiento de esta dieta, los riñones estén sometidos a un estrés muy intenso debido a la necesidad de eliminar el exceso de amonio que se forma, y esto puede terminar desencadenando problemas renales serios.

Puedes observar los efectos metabólicos de este tipo de dieta en el siguiente esquema:

Metabolismo durante el seguimiento de una dieta tipo Dukan. La pérdida de peso se debe no sólo al uso de las reservas de grasa sino también a la destrucción de proteínas propias. Además se produce un exceso de cuerpos cetónicos y de amonio, ambos perjudiciales para el organismo. Haz clic en la imagen para aumentar

Metabolismo durante el seguimiento de una dieta tipo Dukan. La pérdida de peso se debe no sólo al uso de las reservas de grasa sino también a la destrucción de proteínas propias. Además se produce un exceso de cuerpos cetónicos y de amonio, ambos perjudiciales para el organismo. Haz clic en la imagen para aumentar

Como has podido ver, el afán de adelgazar puede hacer que estrategias de todo tipo, incluso algunas claramente poco saludables, se abran paso entre los consumidores impulsadas por los grandes beneficios económicos que pueden obtener quienes las promueven. Contra esta tendencia, facilitada en gran medida por la difusión y venta indiscriminada a través de Internet, la medida más eficaz es que estés bien informado/a y espero que este artículo pueda ayudarte en ese sentido.

One thought on “Dietas para adelgazar (II). Cómo perdemos peso

  1. Pingback: ¿A TI TAMBIÉN TE SOBRAN UNOS KILITOS? « En mi otra clase

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s