Guía para buscar vida extraterrestre

Jacques Monod (Fuente: http://www.nobelprize.org)

En 1970, el científico  Jacques Monod, en su famoso libro “El azar y la necesidad”, opinaba que el ser humano se encontraba solo en la fría inmensidad del Universo, del que surgió únicamente gracias al azar. Se trataba de una opinión común en aquella época, resultado de los nuevos conocimientos acumulados sobre los seres vivos. Se consideraba que la vida era un fenómeno tan increíblemente complejo en sus diferentes niveles de organización (molecular, celular, tisular, etc.) y fruto de tantas circunstancias y procesos especiales, que era muy improbable que pudiera volver a repetirse en todo el Universo.

Claro que, quizá,  Monod y otros muchos, al considerar eso, no eran conscientes de la verdadera inmensidad del Universo: 500.000 millones de galaxias conteniendo 250.000 millones de estrellas cada una de ellas por término medio. Doce mil quinientos trillones de estrellas, muchas de ellas (ahora lo sabemos) con sus propios planetas orbitando a su alrededor. ¿Qué no seríamos capaces de encontrar o de lograr si dispusiéramos de doce mil quinientos trillones de oportunidades?

Un planteamiento como este ayudó a promover  la idea de que la vida podría no ser un fenómeno exclusivo de la Tierra, sino que habría podido surgir en varios puntos del Universo. Para los científicos es evidente que la vida, tal y como es, se ha desarrollado en la Tierra gracias a las especiales características de nuestro planeta. Así pues, si exisen planetas similares a la Tierra en otros lugares del Universo, parece razonable pensar que en ellos también hayan podido ocurrir procesos similares a los que dieron lugar a la vida en el nuestro. Es una hipótesis que considera la vida como una consecuencia predecible a partir de  determinadas características planetarias y no como un hecho único e irrepetible.

Actualmente la búsqueda de vida extraterrestre  no es materia de ciencia-ficción, sino una actividad científica a la que dedican parte o todo su trabajo muchos científicos. Disciplinas como la astrobiología (también llamada exobiología) se dedican precisamente a estudiar la posible existencia de la vida fuera de la Tierra, utilizando conocimientos y métodos de astronomía, biología y geología. Pero, en cualquier caso, una tarea como esta exige tener claras unas cuantas ideas y planificar muy bien el trabajo. Aquí tienes la primera parte de una guía básica para estar al tanto de este apasionante tema:

1.¿Qué buscamos?

Interpretación artística de un exoplaneta (Fuente: http://www.ojocientifico.com)

Seres vivos, claro, pero ¿qué clase de seres vivos? Hombrecillos verdes con antenas no es una buena idea para empezar. Si ya de por sí se trata de una tarea ardua, lo mejor será aclarar qué merece la pena buscar y qué no.

La vida es un fenómeno extraordinariamente diverso, pero a pesar de ello, hay características que comparten todos los seres vivos de la Tierra. Por ejemplo, determinadas capacidades como las de obtener determinadas moléculas del medio, extraer de ellas energía, fabricar otras moléculas peculiares o ser capaces de producir copias de sí mismos son cualidades comunes a todos los seres vivos. Si encontráramos una estructura extraña en otro planeta capaz de hacer todo eso, probablemente le pondríamos la etiqueta de “forma de vida”. Pero esto no es muy útil, a no ser que seamos capaces de desplazarnos hasta donde viven esas criaturas y estudiarlas “de cerca”, cosa bastante difícil teniendo en cuenta las dimensiones del Universo.

No todo está perdido; los seres vivos también se caracterizan por una composición química particular y porque sus reacciones químicas han provocado en la Tierra cambios muy especiales. Por ejemplo, el agua en estado líquido se considera una molécula esencial para la vida, ya que es el disolvente básico de la mayor parte de biomoléculas (las moléculas que se hallan en los seres vivos) y es esencial para que se prouzcan las reacciones químicas que son, en esencia, la vida. La presencia de una gran cantidad de oxígeno molecular en nuestra atmósfera (producto, como ya sabes, de la fotosíntesis) es otra señal de la vida. A todas estas sustancias las llamamos bioseñales  y tienen una gran ventaja: están presenten en gran cantidad en la atmósfera del planeta que alberga la vida.

Además del vapor de agua y el O2, otras moléculas como el ozono (O3) que deriva del oxígeno molecular, el cloruro de metilo (CH3Cl), procedente de la combustión vegetal debida a incendios o el óxido nitroso (N2O) procedente de la descomposición de la materia vegetal, se consideran también bioseñales. Una atmósfera que contenga alguna combinación de estas bioseñales sería un comienzo muy prometedor.

Otros científicos también sugieren que podría ser  útil buscar determinados colores en la superficie de los planetas. Estos colores podrían delatar la presencia de organismos fotosintéticos. En la Tierra, por ejemplo, el color verde de determinadas zonas continentales es la marca inequívoca de que hay vida en esas zonas.

Sin embargo, estamos dando por supuesto que en  otros planetas donde surja la vida, ésta emplearía los mismos tipos de moléculas y los mismos procesos metabólicos que en la Tierra. ¿Y si no fuera así?.

Algunos científicos han propuesto que algunas sustancias como el metano y el etano, que están en estado líquido a temperaturas muy bajas, podrían ser un disolvente que sustituyera al agua en procesos biológicos de otros mundos, pero en ese caso muchas de las biomoléculas deberían ser diferentes. De la misma forma, en otros planetas, podría ocurrir que la fotosíntesis, caso de existir, no empleara agua y, por tanto, no produjera oxígeno molecular. De hecho la fotosíntesis no es imprescindible para la vida y durante milllones de años  la vida en la Tierra se desarrolló sin que existiera ese proceso, así que si algún extraterrestre hubiese empleado la presencia oxígeno atmosférico  como criterio para seleccionar planetas candidatos, habría pasado por alto la Tierra.

El profesor McManus a orillas del lago Mono, en California (EE.UU.), donde se han hallado bacterias capaces de sustituir el fósforo por arsénico.

Otros consideran que algunos elementos químicos típicos de la vida en la Tierra podrían ser sustituidos por otros “similares”. Por ejemplo, el Silicio podría sustituir al Carbono o el Arsénico al Fósforo. De hecho en 2010 tuve la oportunidad de visitar un lugar apasionante: el lago Mono de California en Estados Unidos. Allí se han hallado unas bacterias con una capacidad única: son capaces de sustituir los átomos de fósforo de muchas de sus biomoléculas por átomos de arsénico, sin que por ello dejen de funcionar correctamente. Las bacterias de este lago son una demostración de la capacidad de la vida para adaptarse a todo tipo de situaciones. Esto hace más probable su existencia en otros planetas, pero amplía el abanico de posibilidades que se deberían buscar.

Otro ejemplo: El color de las sustancias que absorben la luz para la fotosíntesis está adaptado al tipo de luz del Sol que llega hasta la Tierra. Pero otras estrellas emiten una luz diferente y esto podría hacer que las plantas aliénigenas (seres fotosintéticos) de planetas que girasen en torno a estrellas diferentes  a nuestro Sol poseyeran colores  distintos al verde de las plantas terrrestres (¿Te imaginas plantas azules, anaranjadas o incluso negras?).

Así pues debemos admitir que cuando elegimos las bioseñales que hemos mencionado antes, estamos apostando por encontrar vida muy similar a la de la Tierra. Sin embargo, debemos mantener una actitud  flexible ante posible hallazgos que no se ajusten exactamente a determinados criterios.

En un arranque de optimismo, algunos científicos han decidido que,  aún mejor que gastar tiempo en buscar rastros de formas de vida con aspecto y desarrollo incierto, es preferible apostar directamente por hallar vida inteligente como nosotros (bueno, quizá mejor, algo más inteligente que nosotros). La idea es tan excitante como aventurada. A este tipo de proyectos de investigación espacial se les denomina SETI (Search of ExtraTerrestrial Intelligence). El primer proyecto SETI se desarrolló en en 1960, cuando se intentaron identificar señales electromagnéticas procedentes del espacio que pudieran haber sido generadas por algún tipo de inteligencia extraterreste. Se  rastrearon las regiones próximas a las estrellas que se consideraban más parecidas al Sol. La verdad es que no se halló nada especial, pero el proyecto sirvió de inspiración para otros posteriores. La NASA desarrolla desde hace años su propio programa SETI con proyectos similares a este. El problema de este enfonque es que la cantidad y diversidad de radiaciones electromagnéticas que hay en el espacio es inmensa. Las radiaciones electromagnéticas son producidas de forman natural por los miles de millones de estrellas de distinto tipo que existen, así que encontrar una señal “diferente” que no pueda ser atribuida a una fuente natural es mucho más difícil que aquello de “encontrar una aguja en un pajar”.

Como ves, la dificultad de la tarea puede resultar desalentadora, pero la importancia del objetivo hace que el desánimo no cunda entre los científicos/as que se dedican a este trabajo. Si quieres descubrir cómo se las ha ingeniado para sobreponerse a estas dificultades y poner en marcha proyectos científicos rigurosos, no te pierdas la segunda parte de esta guía para buscar vida extraterrestre.

3 thoughts on “Guía para buscar vida extraterrestre

  1. Yo pienso de esto que los científicos podrían haber encontrado moléculas imprescindibles para la vida, pero no lo confirman hasta que no sean seguras y deberían enviar más robots a otros planetas para ayudar a su investigación.

    • Buen comentario, Eva. La opción de enviar sondas espaciales no tripuladas es una opción a muy largo plazo. Ten en cuenta que algnuos de estos planetas están alejados que, con la tecnología actual se tardarían cientos de años en alcanzarlos. Por tanto, el objetivo, ahora mismo, es simplemente identificar planetas que reunan indicios de vida. No es fácil reunir todas las condiciones necesarias, aunque, como os planteo en el post, el número de planetas fuera del sistemas solar puede ser tan alto que se confía en que tarde y temprano comenzarán a identificarse buenos candidatos. No creo que los científicos guarden mucho tiempo esta información.

  2. Pingback: VLT demuestra la efectividad de la espectropolarimetría para la exobiología

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